15.5.12

Área de Sol

Museo Provincial de Huelva. Del 16 de mayo al 10 de junio del 2012.

Texto del catálogo: Miguel Gómez Losada
Manolo es mi amigo y estoy orgulloso de él.
Y estoy orgulloso porque Manolo es un ejemplo de pintor adulto, es decir, está consiguiendo que la pintura sea el hilo de su vida una vez pasado los treinta. Porque hasta los treinta todos dicen que practicar el arte es enriquecedor, pero después se te previene porque ser adulto debe ser otra cosa. Y Manolo ha creado un hogar con su novia Leticia, y pinta continuo, y se afana en enseñar lo que sabe dando talleres. Manuel Garcés Blancart no encaja en la calificación que se suele tener del pintor: no habla de forma incoherente, tiene palabra, orden, no es bohemio, no se droga, y es una persona formal. Se gana la vida y le admiro, porque en el arte ha encontrado la manera de ser un gran hombre, y por ello será un buen padre.

 Y además pinta bien, es decir, pinta con verdad, donde los cuadros son una extensión natural de su forma de ser, como gestos que quedan. Muchas veces hemos discutido si la buena pintura deja de serlo cuando empieza a ser exagerada, ya sea por el tema o la forma. Y le planteo si esa manera de pintar que tiene, directa y gruesa, no se acercaba a lo espectacular, si subirle el tono expresivo a la pincelada no era en realidad temor a que la pintura pasase desapercibida, a que “hablase demasiado bajito y no se oyese”, pero no. He sido testigo directo de toda su evolución personal, y Manolo pinta como es él. Rotundo. Manolo es obstinado, tiene determinación en sus ideas —elevadas—, las defiende, y se cuestiona lo que hay que aceptar porque sí. Hay en todo lo que hace una tenacidad excesiva, como si hubiese salido fortalecido de cierta incomprensión juvenil, y se nota en cómo aborda un bocadillo, en la detonación de sus carcajadas, en sus andares de soldado, o en esa manera sobrada de bailar. Incluso su anatomía es apretada y fuerte, más de jinete mogol que de pintor delicado. Luego no es hábil montando en bicicleta o subiendo un cerro, titubea, es encantadoramente tosco, y como el ejercicio pictórico tiene mucho de sismógrafo, este temblor queda en sus cuadros. Hay verdad, y por esta equivalencia entre su vida y el cuadro le considero un artista.

Luego hace del paseo una ceremonia, camina solo y me lo cuenta luego, y me dice cómo alcanza altas cotas contemplativas, donde las calles y los cruces pierden su nombre, donde los edificios ya son bloques consecutivos y la ciudad entera un delirio urbano. Y va y lo pinta, y concede protagonismo a cosas que pictóricamente no lo han tenido, poniendo en el centro del cuadro una medianera o un bordillo, porque su mirada artística es más propia de un trastornado que no encuentra su casa que de un artista contemporáneo preocupado por la originalidad. Esto es voz propia, actitud y militancia frente al cuadro. Hay arte. 

No le puedo pedir más a un amigo, siempre atento a mi vida diaria, ni le puedo pedir más a un compañero de oficio, auténtico, cuyos cuadros no obedecen a los huecos libres de la historia del arte actual, sino al lenguaje propio que le va dando su manera única de rozarse con el mundo.


La tarde. 200 x 170 cm. Mixta-tela-tabla



MM1. 162 x 130cm. Mixta-tela-tabla






MM2. 162 x 130 cm. Mixta-tela-tabla.





Sin título. 130 x 120 cm. Mixta-tela-tabla.







MM4. 130 x 120 cm. Mixta-tela-tabla.







MM3. 130 x 120 cm. Mixta-tela-tabla.






MM5. 130 x 120 cm. Mixta-tela-tabla.







MM6. 130 x 120 cm. Mixta-tela-tabla.


1 comentario:

JUAN EME S.L. dijo...

ESTE HOMBRE ES UN PANDEMONIO..

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